Monday, February 8, 2010

Poemas

Estos dos poemas fueron publicados en la octava edición de la revista literaria-estudiantil Tonguas de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. Son piezas que escribí hace bastante tiempo, el primero me parece que en 2005, el otro en el 2007 probablemente. Ambos fueron editados en el 2009, pero fueron concebidos en momentos muy distintos, visiones en desarrollo; aunque me parece que mantengo un hilo conector en cuestiones de una estética surrealista. Aquí los presento:

También fallaste humano
Criatura errante, desbocada: humano;
fruto del dolor naces
y lloras al percatar que estas vivo.
Posees una cuenta regresiva
que no avisa,
que no espera.

Corroído de complejos y pesares,
odias, amas y vuelves a odiar.

Tras bajar al sótano a escoger entre la colección de máscaras,
con tobillos rotos y un corazón exhausto,
osas danzar ese tango maltrecho de la vida,
pasando por mares de fuego
que van lamiendo lentamente tu humanidad.

Entre suelos de cristales rotos,
esos residuos de sueños ajenos,
te sumerges en una búsqueda incansable,
de eso que no se oculta pero que no se encuentra,
una herida más, dos más,
¿qué importa?

Sin percatarte los tuyos caen también
y sólo basta una mirada sobre tu hombro para observar,
una lúgubre caravana de rostros pálidos,
desolados,
amedrentados,
sedientos de la misma vida que padecen
...igual que tú.



Nacimos niños luz

¿Qué quiénes somos?
Invencibles hijos del Sol.
¿Qué por qué somos?
Somos porque escogimos Ser.

Temidos y con razón.
Nunca hemos encajado con el plan maestro,
como bacterias nos escapamos de sus cultivos,
nos desbordamos de sus moldes,
dispuestos a crear una epidemia existencial.

Nos vamos arrastrando, mutando,
castrando esquemas, cazando mentes,
bombardeando ideas efervescentes,
protegidos tras la torre,
laberinto de Creta.

Deshilamos túnicas de sacerdotes y monjas,
de la iglesia barroca, almacén de enaguas.
Jamás hemos tocado las heridas del Cristo,
mas a ti te hemos rasgado las entrañas.

Pero ellos,
que llevan una cruz incrustada entre ceja y ceja,
una Biblia bajo el brazo,
y un diablo por cada bolsillo,
buscan empalarnos con sus miradas estériles,
con sus lenguas de navajas botas.

Mientras otros, igual de tontos,
vociferan a su gran estupidez elogios,
en eterno trance se estrangulan entre sí;
como dragones furiosos se arrancan los amatistas de los ojos,
por las calles del Viejo San Juan y la plaza de Ponce.

Aun así, nos han abofeteado una, dos, veinte veces
mas con la cara machucada, la frente en alto
y con nuestra boca de lengua partida,
seguimos escupiendo rayos de estrella.

Asombrosamente hemos nacido de esta isla natimuerta,
de olor rancio, putrefacta;
entre las vísceras de quienes la creyeron abnegada madre,
e intentaron cubrirla de patria.

Pero detente y observa,
continúan estrangulándola.
Sí, ¡a su propia madre después de muerta!
esos otros, engreídos de cuencas vacías,
traicioneros, bastardos sin esencia.

¡Muerta! ¡Muerta! ¡Sí, he dicho muerta!
¡Nos hemos alimentado de sus tetas muertas!
y con ojos espantados de centinela
hemos succionado una leche eterna,
ilusoria, de mar y de silencios.

Por eso nos recorre en las venas
una sangre de galaxias y de inviernos
de la feroz palabra,
de música profunda,
incorrecta y peligrosa,
como el más temido hoyo negro.

Pero antes de llegar la noche en que decidan
jactanciosamente amarnos,
nos coronaremos de algas y de anémonas,
Escogeremos empuñar el tridente
y la mandíbula de Caín
y con furia de Neptuno
arrasaremos sus preciados castillos de arena,
sus felices vacíos, la embelesante postal.

Para pronto partir como cometas,
a lo infinito, lo innombrable,
siempre palpitantes,
eternos,
indomables.
¡No somos de Puerto Rico!
¡No somos de nadie!